Ayer domingo que me encontraba dando terapias en mi cubículo que por cierto me encanta mi pequeño cubículo, mi espacio. Por momentos había rentado otros espacios, con diseños de otras personas y por fin tengo el mío con mis muebles, mis gustos y plantas. Aunque está chico lo disfruto y espero mis pacientes también vean reflejado la calidez del espacio. Regresando un poco al punto principal de ésta entrada al blog, le di terapia a pacientes pero hubo dos de ellos que me recordaron los cambios tan abruptos que realice en mis veintes, y creo que a mis tardes veintes por que me hubiese gustado comenzar ese viaje antes.
Toda mi vida había trabajado con mi mamá, mi madre es muy sobreprotectora, obvio, con dos hijas en estos tiempos quien no lo sería, ¿Verdad? , pero siempre nos tenía bajo su ala, con ciertas libertades por que a ella le costó mucho su libertad económica, de repetición de patrones familiares, de libre pensamiento y palabra, etc. Después de que viví mi enfermedad de cáncer todo mi mundo cambió, no se si alguna persona que no haya experimentado la enfermedad pueda entender, de hecho ni siquiera sé si puedo expresarlo de una manera en la que pueda transmitir el mensaje, pero intentaré.
Puede ser que para las personas que tenía a mi alrededor en aquel entonces el cambio no fue instantáneo, pero mi hermana sabe que a ella le hablaba llorando por que en realidad no sabía como sería mi lucha con el cáncer hasta el día de mi operación, ¿Cómo explicarlo? Había días que sentía y pensaba lo lograré , no pasará nada, el cáncer no ha invadido mi tiroides e inexplicablemente había días que el miedo me invadía tan profundo, ir manejando y pararme para poder respirar y ver mi alrededor y tambalear por un instante por que no sabía si iba a sobrevivir el tratamiento, si iba a poder volver a ver éstas calles (Que por cierto no me gusta Tijuana mucho), volver a ver a mi hijo o que el me viera a mí, a mi madre, mi hermana, sentir la arena en mis pies, el pasto, el viento y me preguntaba, ¿Qué he hecho con mi vida?.
Conectando éste párrafo con el anterior, sobreviví, no siento que luche con cáncer realmente, y aún reviso mi tiroides cada año, creo que en mi mente jamás saldré de remisión, pero recuerdo después de vivir eso ya no pude ser la misma, ya no pude regresar a mi mismo trabajo, a la misma relación amorosa que tenía, a la misma cotidianidad, a mi misma vida, tome la decisión de renunciar completamente a mis comodidades del negocio familiar con buen ingreso, de irme de casa con mi hijo e irnos a la intemperie sin saber que me esperaría. Mi madre se molestó un poco, abandoné el trabajo de un momento a otro sin finiquito, y la casa que compartía con ella y todas esas comodidades hermosas que ofrece una madre y que uno nunca valora hasta que ya no lo tiene.
Batalle mucho, me mudé como 5 veces de lugares, compartí con roomies y después de buscar trabajo sin éxito por mis tatuajes en los brazos me acogieron en Hospital Chipsa, y mi vida dio un giro por completo aún más. Fue las épocas que mas agradezco tener aunque a veces desayunaba pura avena y comía tortillas con queso panela, chicharrón y aguacate, encontré mucho crecimiento mental, espiritual, crecimiento de corazón y de alma, de valorar, de dejar ir, de agradecimiento a lo que tenía y ponerme en una situación que me daba muchísimo miedo vivir y enfrentarlo me condujo a lo que soy hoy en día y a donde estoy hoy en día. Volvería a repetir absolutamente todo para estar donde estoy. Felicito a esa Fer que no sé como se armó de valor para llevarnos a donde estamos ahorita.